Pasar más hambre que un maestro de escuela

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Foto: Pedro Brey Guerra // Fuente: tabeirosmontes.com

Mirad esta foto. Fijaos en sus protagonistas, niños y niñas que miran a la cámara. ¿Qué pensarían en ese momento? ¿Se imaginaban tal vez que 100 años después completos desconocidos podríamos estar mirándoles a los ojos? Hay algo mágico en todo esto. ¿No creéis?

No os perdáis ninguna de sus expresiones. Cada mirada, cada cabeza alberga un mundo, una forma personal de entender y percibir la realidad que les tocó vivir. Vidas que estaban comenzando, que confluyeron en aquel aula durante el tiempo que duraron sus estudios. Vidas que siguieron su propio camino a lo largo de los años. Unas se truncaron prematuramente, otras fueron exitosas y placenteras, otras solo conocieron el sufrimiento, otras fueron tan dilatadas que prácticamente abrazaron el s.XXI. Hoy nadie de ellos existe. Lo podemos decir con total seguridad. ¿Sí?, ¿seguro?¿No podría ser que hablar de ellos, tenerlos presentes, mirarles a los ojos e imaginar sus vidas haga, en parte, que sigan vivos? Vivos de alguna forma, a pesar de todo.

Lo que sí es cierto es que durante toda su vida terrenal, estas personas tuvieron algo en común, algo con lo que viajaron y que se mantuvo presente en sus cerebros prácticamente hasta su final: el nombre de su profesor. Ese referente que les instruyó y que les enseñó aquellos conocimientos básicos para labrarse un futuro. Es posible que el nombre que estuviera grabado en los cerebros de los protagonistas de esta imagen fuera el de Pedro Brey Guerra (1889-1967), un maestro aficionado a la fotografía que retrató, a lo largo de su vida, las personas que formaron su entorno más próximo en su Estrada natal. En el siguiente enlace podéis conocer su biografía además de contemplar fotos como la de arriba.

Tal como dice el título de esta entrada, ser maestro en aquellos años significaba estar dispuesto a pasar ciertas penurias ya que el sueldo no era lo más atractivo de la profesión. Si además hablamos de una escuela rural, el profesor tenía que exponerse a ciertos contratiempos como podían ser: no contar con la infraestructura más adecuada, tener que atender a un número muy elevado de alumnos con niveles y edades diversas, sufrir absentismo en aquellos meses en que las labores del campo eran más activas… Precisamente, podemos hacernos una idea de esto al leer el siguiente párrafo que pertenece al informe que elaboraron los inspectores que visitaron la escuela rural de Arnois cuando estaba ejerciendo de maestro Pedro Brey allá por el año 1921:

“O ensino encontrase en estado satisfactorio, aínda que dificulte moito o labor do mestre o excesivo número de alumnos e as pésimas condicións do local… Inservible para o obxecto, mal iluminado e con mala ventilación, sen patios de recreo, nin lavabos, nin retretes, cunha soa dependencia de 8,5 por 3,5 por 2,15 metros. Cun presuposto total de 2.750 pesetas ao ano, incluído o soldo do mestre. Cun número total de 130 alumnos matriculados, sistema mixto, de idades entre 8 a 12 anos; que teñen que percorrer camiñando, desde a súa casa á escola, até 4 km de distancia, e que asisten irregularmente a clase porque axudan nos labores do campo. E 28 alumnos de entre 14 e 31 anos, labradores de profesión predominante. Escola situada nun val, na estrada de Ourense a Santiago. Zona de industria e comercio moi escaso, e bastante emigración”

La siguiente foto podría representar con total acierto la escena que acabáis de leer:

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Foto: Pedro Brey Guerra // Fuente: tabeirosmontes.com

En MEMOGA hablamos largo y tendido sobre la escuela. Lo vivido en esos años es algo que permanece guardado en la memoria y que se recuerda con agrado. Es curioso (podéis hacer la prueba con vosotros mismos) la potencia del recuerdo para nombres de profesores y compañeros de escuela. De la misma forma que comentaba que los niños de la fotografía podían tener grabado a fuego el nombre de ese referente que fue su maestro, nosotros no somos tan diferentes de ellos, a pesar de la distancia temporal que nos separa.

En el siguiente corte de audio, Rosario del Centro de Betanzos (Coirós, 1931), recuerda con nombres y apellidos las que fueron sus profesoras y rememora con detalle su escuela.

 

La Guerra Civil truncó la educación de muchos alumnos en edad escolar. El conflicto bélico obligaba a muchos profesores a marcharse, a esconderse. Ya fueran monjas o curas, ya fueran profesores sin condición religiosa, pensar de una forma u otra era un peligro ante mentes obcecadas y llenas de odio. Quien mantuvo su posición, a pesar de todo, llevó hasta el final su labor educativa:

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“La última lección del maestro”. Alfonso Manuel Rodriguez Castelao.

Todos conocemos más o menos cómo era la enseñanza una vez se instauró el Régimen a partir de 1940. Como en toda dictadura, la educación se orientó para transmitir a las nuevas generaciones una forma de ser y de entender el mundo condicionado a los valores de la propia dictadura. Por ejemplo, se intentó erradicar el idioma gallego del aula aún sabiendo que muchos de los alumnos (sobretodo en el rural) se expresaban habitualmente en esta lengua. Para muchos de ellos esta obligación de expresarse en un idioma que no dominaban (el castellano) favoreció sin duda su fracaso escolar. Esto  es un hecho que me constataron muchos de los alumnos de MEMOGA pero que también pude comprobar cuando leí “Memorias dun neno labrego”.

Y a pesar de todo, las condiciones de las escuelas rurales bien entrada la segunda mitad del s.XX continuaban siendo casi tan precarias como la de Pedro Brey. En el siguiente corte, MªCarmen (Pontedeume, 1942), del Centro de Pontedeume que trabajó de profesora, nos explica su experiencia profesional en una escuela de Puente Nuevo (actual Pontenova) en la provincia de Lugo.

Los profesores, como se puede comprobar en este audio, no contaban tampoco en 1963 con un gran sueldo. Parece que el título de este post les ha ido acompañando a lo largo del s.XX cual losa pesada. Es de suponer que la profesión les aportaría otra retribución de carácter no económico que supliera la carencia. De lo contrario, haría mucho tiempo que la profesión de maestro se habría extinguido.

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