Batallas campales

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Foto: Niños del colegio de la rúa Herrerias (A Coruña). Autor: Alberto Martí. Fuente: Grupo de Facebook “Ollar Galicia” colgada por María Jesús Vázquez Castro

¿Crees que podría existir algún día un mundo en paz como aquel que describía John Lennon en su canción “Imagine”? Tal vez, no pierdo la esperanza, pero para lograrlo necesitaríamos cambiar mucho la forma que tenemos de interpretar la realidad y las amenazas que nos rodean. Volvemos de nuevo al cerebro. Ese órgano que busca reducir el consumo de energía y que prefiere rodearse de cosas conocidas, confortables y coherentes a su propio pensamiento, llegando a simplificar tanto lo más complejo que corre el peligro de pecar de intolerante. Y así nacen las guerras, las xenofobias y el miedo a lo diferente.

He aprendido, después de trabajar muchos años con personas afectadas por demencia, que la agresividad que manifiestan estos enfermos se produce cuando perciben una amenaza, es decir, cuando el miedo les obliga a ponerse en modo “lucha” para preservar su integridad. La dificultad que tienen de interpretar la realidad hace que “luchen” contra el que está intentando darle de comer, ducharlo o acostarlo. Incluso con alguien que le está aturullando con demasiadas preguntas o frases complejas. En realidad, esta persona no es agresiva. Se está defendiendo de una amenaza mal percibida.

En este sentido, no nos diferenciamos tanto los que aún mantenemos sano nuestro cerebro. Aunque en nuestro caso es más grave acabar agrediendo o sintiendo ira, ya que nosotros sí mantenemos aún la capacidad de decidir qué queremos pensar o no pudiendo interpretar la realidad sin dejarnos llevar por miedos y amenazas inexistentes. Creo que todo aquel que se deja llevar por pensamientos reduccionistas y totalitarios es un vago cerebral. Me refiero a todos estos partidos políticos radicales que no saben mantener la dirección y se acaban estampando en la siguiente curva, ya sea hacia la izquierda o hacia la derecha. Pero no les culpo, al fin y al cabo, yo mismo decía más arriba que el cerebro es vago por naturaleza.

Y mientras sigan las cosas así, el ser humano seguirá luchando por causas de tal trascendencia que bien le valgan una y mil batallas. Batallas que comienzan ya desde niños como un juego, cuando el individuo está desarrollando su personalidad y busca la pertenencia a un grupo, o lo que es lo mismo, la distancia respecto a aquello que siente como ajeno. De esta forma nacieron las batallas campales entre niños (y niñas), un fenómeno muy interesante que descubrí con los alumnos de MEMOGA y que he disfrutado investigando. En el siguiente corte de audio, Horacio nos explica esa forma de jugar tan bruta que tenían los niños. El escenario es la Compostela de los años 30, pero podríais imaginar cualquier escenario, pues allá donde hubiesen varios grupos de niños, una colina o extensión de terreno y montones de piedra, la batalla campal estaba asegurada.

 

Horacio (Santiago,1929): “En Santiago, a los de la rúa San Pedro, les llamaban los de los Estados Unidos y entonces los de San Caetano, Pastoriza, los de la calle Espíritu Santo, Calle de Abajo, calle de Arriba, Basquiños, pues nos retaban allá en la Almáciga a tirar piedras unos contra otros. Los de San Pedro tenían muy buenos tiradores. Además íbamos a ver si les cogíamos e íbamos con tijeras para ver si les cortábamos el pelo al rape.”

Esta información que transmite Horacio invita a viajar con la imaginación y los datos a ese Santiago de Compostela de principios del s.XX, más rural que urbano, donde los carros de bueyes se paseaban por delante de la catedral y cada jueves se celebraba la feria de ganado en la carballeira de Santa Susana. De hecho, esta carballeira es el escenario de la siguiente noticia de periódico, rescatada en la Hemeroteca, que describe una batalla entre bandos utilizando palos, piedras y navajas como armas.

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El Eco de Santiago. 26 de mayo de 1933

Si viajamos un poco más atrás en el tiempo, encontramos esta otra noticia donde se da cuenta de otra batalla infantil, en este caso, en el monte de la Trisca. Escenario similar al de la Almáciga (que nos relataba Horacio) o al de Santa Susana (de la anterior noticia).

gaceta de galicia diario de santiago. decano de la prensa de compostela num. 50 (03031879
Gaceta de Galicia. Diario de Santiago. 3 de Marzo de 1879

Parece que ya en aquella época los propios medios veían normal y habitual este tipo de “chiquilladas”. Llama la atención la insistencia de los combatientes en la batalla a pesar de la presencia de los agentes municipales. Seguramente, la emoción y la adrenalina de este juego les invitaba a seguir y seguir luchando a pesar del peligro de ser reprendidos por la autoridad o sus padres.

Los escenarios habituales eran montes, pero eso no quita que pudieran darse contiendas en lugares más públicos donde sin duda se generarían daños colaterales:

Manuela (Pontedeume, 1932): “A pedrada limpia participé una vez. Desde la plaza del pan hacia abajo tiré una piedra, rompí el cristal de un escaparate y ¡mi madre!… Vino el dueño, preguntó y todos dijimos que no habíamos sido. La culpa se la llevó un niño. Después la conciencia me remordía y le dije a una amiga que tenía que por favor fuera a decirle al señor que había sido yo. Al final el señor vino a mi casa y mi abuela tuvo que pagar el cristal. Menos mal que de aquella los cristales no era una luna grande. Eran cuatro cristales y fue uno solo. Y ya ves las guerras, unos niños que vinieron a meterse con nosotras y nosotras a pedrada limpia.”

En el siguiente corte de audio grabado en el Centro de Pontevedra, Raimundo (Cesures, 1933) y José (Vilasantar, 1948) también nos describen cómo era sus batallas campales cuando ellos eran niños:

 

José (Vilasantar, 1948): “Eu ía a unha escola unitaria onde eramos 40 rapaces. Para a batalla utilizabamos terróns. O máis curioso é que iamos falando amigablemente ata chegar ao campo de batalla. Cando chegabamos empezabamos a batalla. Despois volviamos todos como amigos.” 

Viendo de donde venimos, parece más fácil entender porqué la gente se pelea en los campos de fútbol, porqué disfrutamos tanto jugando al “paintball” o porqué existen las guerras entre bandas juveniles.  John, yo imaginar lo imagino pero de ahí a conseguirlo… creo que queda mucho camino.

 

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